No paran de venir los extranjeros. Llegan a por fortuna o aventura. Si caen cerca nuestro nos miran con desprecio o lástima. Nos entrevistan entre copas, quieren escuchar nuestros cantos, "mitos", costumbres... de los salvajes…
Tratamos de no hablar de lo nuestro. Ya nada tenemos. Es una herida infectada, tapada y a la que intentamos cubrir con lo que se pueda. ¿Por qué no intentar tratarla? Los viejos saben que es una causa perdida, así opinamos, así vivimos.